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La IA puede ahorrar muchas horas de trabajo en un montaje. Puede transcribir, buscar planos, limpiar audio o generar versiones para diferentes formatos.

Pero que una tarea se pueda automatizar no significa necesariamente que debamos hacerlo.

Como editor, prefiero que algunas decisiones sigan siendo cosa de humanos.

1. Decidir qué quiere contar una escena

Una IA puede analizar una conversación y detectar las partes más relevantes. Pero “relevante” no siempre significa “interesante”.

A veces una pausa, una mirada o una frase aparentemente secundaria dice mucho más que la información principal.

El montaje empieza antes de cortar: empieza entendiendo qué queremos contar.

2. Decidir cuándo cortar

La IA puede detectar cambios de plano, silencios o incluso proponer cortes.

Pero el momento exacto de un corte puede cambiar completamente una escena.

Un corte ligeramente antes puede generar tensión. Uno ligeramente después puede dejar respirar al personaje.

No siempre hay una respuesta técnicamente correcta.

3. Construir el ritmo

Un vídeo no tiene buen ritmo simplemente porque tenga muchos cortes.

El ritmo depende de la relación entre imagen, sonido, diálogo, música, silencios y duración de los planos.

Dos montajes pueden utilizar exactamente el mismo material y provocar sensaciones completamente distintas.

Ahí es donde la edición deja de ser una tarea mecánica y se convierte en una decisión narrativa.

4. Decidir qué emoción debe provocar el vídeo

Una herramienta puede analizar características objetivas de una imagen o una pieza audiovisual.

Pero una cosa es detectar que una escena es lenta y otra entender por qué debe ser lenta.

A veces queremos incomodar. Otras veces queremos emocionar, sorprender, aburrir o simplemente dejar espacio para que el espectador piense.

El montaje también consiste en tomar decisiones subjetivas.

5. El criterio final

Quizá esta sea la tarea que menos sentido tiene delegar completamente.

La IA puede proponer. Puede comparar. Puede acelerar procesos y ayudarnos a descubrir posibilidades que no habíamos considerado.

Pero alguien tiene que decidir: “esta es la versión que quiero enseñar”.

Para mí, el futuro del montaje no pasa necesariamente por elegir entre editor e IA. Pasa por aprender qué merece la pena automatizar y qué decisiones conviene seguir tomando nosotros.

La pregunta no es solo “¿puede hacerlo la IA?”.

También deberíamos preguntarnos:

“¿Quiero que lo decida ella?”

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